Emilia Pardo Bazán (1851-1921) fue una gran mujer, de armas (literarias) tomar. Fue, sin duda, una mujer fuera de su tiempo. Renegaba del deber ser, del qué dirán, y en definitiva, de las obligaciones femeninas típicas de mediados del siglo XIX.

Emilia Pardo Bazán perteneció a la clase aristocrática, de ahí el porqué de su predilección por la lectura y escritura. Hija de abogado, desde su infancia recibió una educación elevada en un colegio francés, lo que le permitió acceder a los nuevos movimientos literarios de fines de siglo. En 1868, en plena Revolución Liberal (La Gloriosa) Emilia, una joven de quince años, se prometió con José Quiroga, estudiante de Derecho y de origen aristocrático, tal y como se estipulaba en los estándares sociales de la época. Pronto, el joven matrimonio se trasladó a la capital, donde tempranamente ella comenzó a tomar contacto con otras personalidades liberales en las tan agitadas tertulias que caracterizan la época. Tras La Gloriosa, sin embargo, la familia fue forzada a abandonar el país y viajar por diferentes países europeos (Gran Bretaña, Francia, Italia o la joven Alemania), donde tomó contacto con importantes personalidades como Victor Hugo, Zola o Daudet.

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Imagen extraída de aquí.

En 1879 la joven escritora publicó su primera novela, Pascual López, para ya iniciar su evolución literaria hacia el Naturalismo con Un viaje de novios (1881) y La tribuna (1882).

En la última década del siglo XIX comenzó a redactar para la revista La Época unos artículos sobre Zola y su novela experimental, compilados con posterioridad en La cuestión palpitante (1883), obra que le dio el título de principal impulsora del Naturalismo en España. En 1886 el método naturalista culmina en Los pazos de Ulloa (Alianza Editorial, 2014), su obra maestra, un triste reflejo de la decadencia del mundo rural gallego y de la aristocracia, y su continuación La madre naturaleza (1887), fabulación naturalista que demuestra que los instintos conducen al pecado. Asimismo, Insolación (1889) y Morriña (1889) siguen insertos en la ideología y en la estética naturalista.

Lo más representativo de su obra queda recogido a lo largo de diez volúmenes editados por Darío Villanueva y José Manuel González Herrán (Biblioteca Castro), dando así testimonio de la rica y variada narrativa de esta mujer libre, cosmopolita, políglota y, en definitiva, como hemos apuntado anteriormente, adelantada a su tiempo.