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Es una realidad que en la sociedad en la que vivimos es imposible pensar en la vida sin el uso de las nuevas tecnologías. Aparatos como los smartphones nos acompañan allá donde vamos y se han convertido en herramientas imprescindibles en nuestro día a día, puesto que nos permiten el acceso directo a Internet, útil esencial en torno al que gira prácticamente todo en las formas de vida contemporáneas. Como consecuencia, en muchos centros educativos se está planteando (y en algunos ya se está llevando a cabo) la posibilidad de incluir las nuevas tecnologías como medios para el aprendizaje de los niños. Sin embargo, ¿cuáles son las consecuencias de esta decisión?

En el lado positivo podemos ver que la introducción de estas nuevas herramientas puede facilitar y fomentar el aprendizaje, haciendo que los alumnos vean el estudio como una actividad más amena y entretenida. Si se propone que los chavales accedan a sus tareas diarias a través de llamativas apps o aplicaciones, lo que se consigue es aumentar su interés y hacer que estas actividades, a veces un tanto tediosas, se conviertan en algo más parecido a un juego con el que pueden aprender.

Además, estas nuevas tecnologías también permiten la interacción entre los alumnos, de manera que es posible establecer actividades en conjunto de forma fácil y sin complicaciones. Así, desde el punto de vista de los profesores puede ser más sencillo organizar las actividades dentro del aula. También es cierto que en la actualidad se emplean muchos materiales audiovisuales como complemento educativo. De esta manera es más fácil acceder a estos recursos y se les puede sacar el máximo provecho.

No obstante, en el lado negativo encontramos uno de los principales problemas que plantean estas tecnologías: el aislamiento. Una de las consecuencias de usar nuevos medios para estudiar es la pérdida de interacción entre los alumnos. Como se puede comprobar en nuestra vida diaria la gente está, por ejemplo, más pendiente de sus teléfonos que de los que están a su alrededor. A veces incluso quedamos con amigos y le prestan más atención al WhatsApp que a nosotros que estamos a su lado. Por eso, incluir este tipo de medios en las aulas puede suponer un riesgo para la sociabilidad de los chicos.

A raíz de esto lo que se puede sacar como conclusión es que las nuevas tecnologías no tienen necesariamente por qué ser malas, puesto que pueden convertirse en una buena herramienta de apoyo para el aprendizaje de los alumnos. No obstante, siempre han de ser usadas de esta manera, como herramientas de apoyo. Si basamos todo el sistema de enseñanza en su implantación, esto puede suponer un problema de cara a la interacción social entre los jóvenes. Por ello, lo ideal es defender un sistema tradicional que sepa incorporar los mejores aspectos de estas nuevas tecnologías con el fin de ayudar a los alumnos evitando que los malos hábitos se conviertan en un lastre para los mismos.