Tanto si eres estudiante como si lo fuiste, ¿cuántas veces te agobiaste en clase tras horas encajado en el pupitre? ¿Nunca te has columpiado en la silla? Seguro que has deseado estirar las piernas doloridas y adormecidas, o cambiar de postura y por ejemplo subirlas a la mesa, a otra silla o quizás fantaseaste incluso con apoyarlas sobre la cabeza de alguien… ¿Cuántas veces te regañaron por corretear por el aula o reprimiste las ganas de pasear para que circulara la sangre o quemar toda esa energía que desbordaba y no sabías cómo canalizar?

Si eres profe o lo fuiste, ¿alguna vez fantaseaste con enviar a algún alumno al patio a cavar zanjas o a correr kilómetros, lo más lejos posible de tu clase, o de tu país, porque no paraba quieto? Quizás, también te has preguntado en alguna ocasión, cómo evitar que algunos se duerman o conseguir que se callen sin recurrir a los violentos métodos arcaicos (y poco éticos) que se resumían en “reglazos” y collejas.

Está claro que es un problema, y para resolverlo, en el colegio canadiense Des Cèdres en Laval, provincia de Quevec, han encontrado una solución divertida y sana, que no interrumpe las clases y no culpabiliza a los alumnos por su cansancio, hiperactividad o déficit de atención: los bici-pupitres.

bicipupitres 2

Imagen extraída de aquí.

Los profesores  confirman sus beneficios para tratar a los alumnos con déficit de atención o más dificultades para concentrarse: “Los niños se suben al pupitre y pedalean 15 minutos sin parar. Después están mucho más relajados. Creo que atienden mejor y no perturban la dinámica de la clase” expresan algunos docentes.  Por su parte, los alumnos están encantados de pedalear en clase de Matemáticas o de Lengua.  Aunque de momento no está muy extendido, entre otras cosas debido a su alto coste (900 euros cada pupitre), los bici-pupitres parecen una excelente alternativa  a los medicamentos, reprimendas y castigos. 

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